Esforzándose por reproducirle en la propia vida, se entregan obedientes al Padre, incluso hasta la muerte, y se ponen al servicio del pueblo de Dios con amor desinteresado. Su celo apostólico es sostenido por el don sin reserva de la propia oblación, oblación renovada sin cesar en las exigencias de su misión
CC&RR, Constitución 2
Este es el ideal Mazenodiano que llevó a los Oblatos, con amor desinteresado, a dar todo a la gente de Laos, como co-operadores del Salvador – incluso a la muerte. Esta visión fascinó a Paul Thoj Xyooj, quien se asoció a los Oblatos, compartiendo su oblación suprema en el martirio.
Nacido en 1941, hijo de un jefe local en la Provincia de Louang Prabang, se encontraba en el primer grupo de catecúmenos de los recién llegados misioneros Oblatos. A los 16 años de edad expresó su deseo de ser sacerdote e ingresó al seminario menor. Se dio cuenta de que su llamado era al matrimonio y no al sacerdocio, por lo que dejó el seminario y se hizo catequista, trabajando con los Oblatos con los Hmong – que fue invaluable, pues conocía el idioma que los misioneros trataban de aprender. La sencillez de su fe era contagiosa, como dijo uno de los testigos al comentar su enseñanza:
“Son personas con el pecado original, por lo tanto, pecadores, y solo tenemos una vida en esta tierra porque moriremos y seremos polvo de nuevo. Sin embargo, Dios nos ama mucho, no nos ha abandonado; es por ello que envió a su unigénito, Jesús, quien fue crucificado para llevar todos nuestros pecados. Estuvo sepultado por tres días y resucitó. Él es nuestro Padre en el cielo. Jesús volverá por los creyentes para resucitarlos como Él resucitó. Entonces todos los hombres serán bien parecidos y las mujeres serán hermosas, todos tendrán salud y vida eterna. Vivirán con Dios en el Cielo, con amor, como las aves que vuelan, sin tener que trabajar, pero teniendo sustento y ropa por la eternidad”.
A los 19 años, Xyooj acompañó al Padre Mario Borzaga en sus viajes misioneros a las aldeas pobres y fue capturado por los rebeldes. Se rehusó a abandonar al Oblato y recibió también la muerte de un mártir. Como miembro de la Familia Mazenodiana, pronto será beatificado, junto con 6 Oblatos, y seguirá siendo ejemplo de cómo vivir en forma heroica la visión de nuestra fundación, como intercesor de todos los miembros de la familia universal de Eugenio, en nuestra lucha por vivir la oblación.
Los últimos momentos de su vida son recordados por testigos, suplicando a los rebeldes no asesinar al P. Borzaga:
El joven Lao dijo, “¡No lo maten, no es norteamericano, sino italiano y es un muy buen sacerdote, muy amable con todos y sólo hace el bien!“. Pero no quisieron creerle. Luego él dijo: “No me voy, me quedo con él; si lo matan, mátenme a mí también. Donde él esté muerto, ahí estaré; y donde viva, viviré“. Los rebeldes respondieron: “De verdad eres necio, ¿así que quieres morir también? “Él respondió: ¡Sí!”, y ambos fueron asesinados.