EL DON SIN RESERVA DE LA PROPIA OBLACIÓN  (Constitución 2)

“Esforzándose por reproducirle en la propia vida, se entregan obedientes al Padre, incluso hasta la muerte, y se ponen al servicio del pueblo de Dios con amor desinteresado. Su celo apostólico es sostenido por el don sin reserva de la propia oblación, oblación renovada sin cesar en las exigencias de su misión”.  (Constitución 2)

Al mirar la Cruz el Viernes Santo, Eugenio se sintió abrumado por el amor de Dios que entregó todo por él.  La respuesta del joven fue la oblación: dar todo por Dios:

“Qué ocupación mas gloriosa que hacer todo y por todo únicamente por Dios, amarle sobre todas las cosas, y amarle mucho más, por cuanto he tardado en amarle”.

(Diario de Retiro, Diciembre 1814, EO XV núm. 130).

La oblación se convirtió en la característica principal de su vida como persona, como sacerdote, como fundador, como Superior General y como Obispo.

“Toda mi vida he deseado morir víctima por la caridad. Sabes que perdí esa corona desde los primeros años de mi ministerio. Dios tenía sus designios, ya que deseaba encargarme de dar una nueva familia a su Iglesia…”.

Carta de Eugenio a Henri Tempier, Septiembre 12,1849, EO. X núm. 1018

Todos los miembros de la Familia Oblata son llamados a impregnarse de e interiorizar su espíritu.

“Nuestro Señor Jesucristo nos ha dejado la tarea de atender y continuar la gran obra de la redención de los hombres.

Es únicamente hacia ese objetivo que deben tender todos nuestros esfuerzos; mientras no hayamos empleado toda nuestra vida y dado toda nuestra sangre para lograrlo, no tenemos nada que decir; con más razón cuando solo hemos tenido unas gotas de sudor y algunas pequeñas fatigas”.

Carta al Padre Tempier, Agosto 22, 1817

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